LA PESADILLA DE HEINE

Al llegar a la última estantería, donde los escritores con “z” dejan paso a los libros sin dueño, tuerce a la izquierda y sigue recto hasta el final del pasillo. En la cuarta sección, empuja el quinto libro del primer estante, aquel que nunca llegaste a leer. La pared a tu derecha se abrirá y revelará unas escaleras que descienden en la oscuridad. Toma tu antorcha y síguelas sin miedo, pero bajo tu propia responsabilidad. Al fin y al cabo, ¿qué daño podrían hacerte los libros? No hagas caso de las telarañas, del ruido de las gotas de agua al caer, de los sonidos sospechosos que hacen pensar en patitas correteando por el suelo y alas revoloteando junto al techo, y ese familiar olor que te hace temer lo peor. Llegarás a una sala con cuarenta puertas. Da igual cuál elijas: todas te llevarán a otra sala con otras cuarenta puertas. Ten cuidado, o podrías perderte como Hércules en su laberinto. Si sigues mis indicciones correctamente, en la tercera vuelta verás los legajos de Alejandría. No te detengas, y pronto pasarás ante la hoguera donde crepitan la locura y la farsa de Don Quijote. Más adelante arden los libros que Dios nunca ordenó quemar, déjalos atrás, y no prestes atención a las tumbas y las lápidas. Hoy no estás aquí por los libros olvidados. Antes de entrar en la última sala, ignora el montoncito de cenizas en la entrada. Es el Führer entrelazado con las palabras de aquellos a los que no consiguió callar. Atraviesa las puertas del Paraíso, y al llegar al final te darás cuenta de que no eres más que un trazo de tinta sobre las páginas de papel… tus dedos dejarán caer la antorcha, y una vez más, todos arderemos.

Clara Sallán Artasona

2º BACH, IES Lucas Mallada