Una vez anunciados los ganadores y repartidos los premios, os presentamos en esta entrada los relatos ganadores y segundos y terceros finalistas. ¡Que disfrutéis de la lectura!

Gracias a todos los participantes, enhorabuena a los ganadores y mención especial al instituto de Almudévar, que ha sido el centro con mayor número de participación.

CATEGORÍA A

Primer premio

AHORA O NUNCA. Marcos Lázaro, IES Sierra de Guara.

Llevo dos años intentando dar el paso hacia el vacío. Todos los miércoles vengo aquí para intentarlo, armarme de valor y saltar. Nunca lo he conseguido, siempre me arrepiento en el instante justo para que me entre el miedo y no hacerlo, pero creo que hoy lo conseguiré, aunque eso lo digo siempre y nunca lo hago, hoy me siento con más capacidad, más valiente, capaz de olvidar mis miedos al vacío y saltar.

Sentir el aire sobre mi espalda, la caída libre, perder toda la presión, olvidarme de mis problemas, dejar de tocar el suelo, sentir la naturaleza, los pájaros, ver los árboles mientras caigo como si estuviera en una montaña rusa. Siempre me dijeron mis padres que he sido muy cobarde, que me arrepiento por miedo, que soy un cagado, siempre les respondo que no es así, que solo es prudencia y pienso: “este es el momento para demostrarles que tengo valor, que puedo conseguir todo lo que quiera, demostrarles que no soy una deshonra para la familia”.

Cogí carrerilla para saltar, el paisaje era hermoso, ya había llegado la primavera, los almendros estaban teñidos de rosa y blanco,  incluso me pareció distinguir unos escaladores en la pared de abajo. Grité: uno, dos y tres, salté a la nada, sentí el río a mis pies, los pájaros sobre mi cabeza. Se me cayeron las lágrimas de pensar que lo había conseguido

¡Había saltado! Al cabo de unos segundos de caída libre se abrió el paracaídas para poder aterrizar como siempre había soñado.

Segundo premio

LA POMPA. Yaiza Abadía, IES Sierra de Guara.

Soñé que estaba sentada en la plaza cuando recordé que llevaba en el bolsillo un chicle de fresa y me lo comí. Me levanté y me fui andando hacia el parque, hice una pompa y esta empezó a crecer. La intenté pinchar pero no se podía. De un momento a otro estaba volando por encima de todas las casas, subí y subí más alto que los rascacielos. Todo se veía muy bonito desde arriba, de repente miré hacia el frente y vi como un pájaro con un pico muy largo se acercaba hacia mí, pinchó la pompa que no paraba de crecer y empecé a caer. Cada vez iba más deprisa. Cuando desperté era extraño. Estaba en el hospital, me acababa de despertar de un coma del que solo recordaba el sueño. Cuando miré mi mano vi que tenía un chicle de fresa ya mascado.

Tercer premio

ACCIDENTE. Cayetana Estaún, IES Sierra de Guara.

Mi hermana se ha mudado a otra ciudad. Hace solo una semana pero la conozco bien y sé que va a continuar siendo una maniática del tiempo y de sus costumbres. Cada noche tras la cena a las nueve en punto, una ducha relajante, un poco de lectura… y, a falta, de un minuto para las diez…, un rápido vistazo bajo la cama. Algo que hacíamos desde pequeñas para estar seguras de que ningún monstruo interrumpiría nuestros sueños

Pero hoy al volver del trabajo, nada más entrar en casa la he sentido distante…  La cena, la ducha, su lectura… Todo igual, pero han dado las diez y ha apagado la luz sin molestarse en mirar bajo la cama. Si lo hubiera hecho me habría vuelto a ver. Y se habría llevado una sorpresa. Hoy hace tres años del accidente en el que fallecí.

CATEGORÍA B

Primer premio

EL CUADRO. Raúl Cebollero, IES Sierra de Guara.

No esperaba ver eso, no señor. En esa tétrica casa a las afueras de Budapest, ese cuadro estaba fuera de lugar, un bosque tan luminoso en una casa tan oscura…, pero bueno, él no era diseñador de interiores, no se lo pensó dos veces y siguió con el registro.

Sin duda un oso había entrado y atacado a la familia, estaban mutilados e irreconocibles, pero de la autopsia se encargarían otros. Al salir  no pudo evitar fijarse otra vez en el cuadro y se sorprendió. El cuadro ya no estaba como él recordaba y ¡tenía una memoria fotográfica! Cuando pestañeó el cuadro volvió a cambiar. El pobre hombre pensó que tantas horas de trabajo le estaban pasando factura, pero ese pensamiento quedó rápidamente descartado porque pasaba una y otra y otra vez, parecía que seguía una ruta pero no podía saberlo.

Tras mirarlo durante más de cinco minutos el bosque dejó de serlo y dio paso a lo que parecía una ciudad. Según los carteles ¡era la propia Budapest! y lo más sorprendente era que era la ciudad tal y como él la veía todos los días. ¡Era una reproducción en directo!

El cuadro parecía acercarse a su destino ya que iba más despacio, parecía que iba hacia las afueras de la ciudad. “Espera” dijo el hombre. El cuadro se acercaba hacia la casa en la que él estaba, eso no podía ser ¿no? El cuadro ya estaba en la puerta, en el vestíbulo, en las escaleras, en el pasillo, en la puerta de la habitación, ya se veía pero estaba demasiado aterrado para mirar, un pestañeo, solo quedaba un pestañeo para llegar a él. No podía aguantar más, tenía que pestañear, lo último que pensó fue:

“Tan solo es pintura”.

¿No?

Segundo premio

SALTÓ. Jimena Lacruz, IES Almudévar.

Un paso a la derecha, dos rápidos a la izquierda. Corriendo escapa pero después la vuelve a atrapar. La elevó por la cintura en vuelo, sujetó su mano y realizó ese giro. La tomó por las caderas y ella alzó pies y manos, relajó sus músculos para el siguiente salto.
Parecía un ave, indefensa a las puertas de la muerte, pero no perdía la compostura.
Se veía tensa, y eso le molestaba, después de tantos ensayos, ¿iba a fallar ahora?
Ese era el momento, tenía que serlo, no iba a desperdiciarlo todo solo porque quisiera echarse atrás en el último instante.
El auditorio estaba callado, bien, ni una mísera alma sería capaz de interponerse entre ella y el otro bailarín.
Otro giro, otra vuelta, otra postura.
La canción estaba llegando al momento álgido y se excitaba a cada paso, sabiendo que con ese último salto la música llegaría a su fin y ese sería el final del espectáculo.
Se irguió y saltó, saltó porque sabía que la atraparía, porque era lo esperado y porque así estaba escrito.
Sabía que ahí acababa su obra y que su compañero de baile la esperaba con los brazos abiertos, después de todo, una no siempre tiene la suerte de bailar con la muerte.

Tercer premio

LAS SUBIDAS Y BAJADAS. Raúl Marcos, IES Sierra de Guara.

Para que todo salga bien hay que subir y bajar tres veces. Empiezo subiendo poco a poco y cada vez más rápido. Cuando voy por la mitad de la subida paro de subir y se queda a una velocidad continua. Es la hora de bajar y cada vez acelera más y más. La primera bajada es la más lenta, y es completamente recta. La consigo hacer perfecta y toca volver a subir. Vuelve a empezar lento y cada vez va acelerando más. Esta es más empinada con lo cual hay más cambio de velocidad. Una vez arriba me da miedo de bajar por si acaso me tuerzo pero todo sale perfecto. Llego al final que es donde se decide si todo sale o lo que he hecho no vale para nada y tengo que empezar de nuevo. Esta vez sí que tiene mucha pendiente de verdad, tanto para subir, como para bajar. Va a ser un trabajo difícil. De momento la subida la llevo bien y no me pongo nervioso. Una vez arriba me tomo unos segundos de descanso y cada vez me pongo más nervioso porque se acerca el final. Si ahora cometo un fallo, todo el esfuerzo no vale de nada. Los nervios cada vez son más grandes. Empiezo la bajada y lo llevo bien. Soy capaz de hacerlo porque lo he hecho muchas veces. Queda poco para el final y no me he torcido nada. Por fin lo acabo, todo ha salido bien y le doy el examen de las gráficas a la profe de mates. Yo creo que voy a sacar un 10.

CATEGORÍA C

Primer premio

TE QUIERO. Rosa Laliena, IES Ramón y Cajal (Huesca).

La figura se cierne sobre ella.

No la ve llegar y le asesta un golpe trasero.

Nota la sangre salir de su interior y sabe que hay algo que está mal.

La sangre no debería de estar fuera del cuerpo. ¿Verdad?

No entiende nada, él la quiere. Eso es lo que le decía. Todos los días. Después de las discusiones, se lo decía. Cuando le levantó la mano la primera vez se lo dijo. Cuando le gritaba se lo decía.

Se lo sigue repitiendo ahora, cuando solo ve sus pies desde el suelo.

Ella le había amenazado con denuncia. Su madre había insistido.

Habían pasado días separados. Pero el sonido del timbre le demostró que todavía no habían acabado. Apareció más apacible, con la cabeza gacha. «Te quiero»

Convenció a su madre «esta vez es diferente.»

Retomaron el contacto, pero volvió Él. La violencia, los gritos, « ¿con quién vas?» Volvieron los «Te quiero» en vano.

Lo denunció. La llamó gritando, le suplicó. «Te quiero.»

No fue tomada en serio. No había pruebas.

Volvió a su casa, pero ahora por primera vez, con ella volvió el miedo.

Escuchaba las noticias, se llenaban la boca al hablar de la violencia de género, pero ella había denunciado y no sabía qué hacer. Igual los demás tenían razón y ella era una exagerada.

Cómo iba a lastimarla él, con lo mucho que la quería.

Otra vez, el timbre. Abre.

Él entra. Silencio.

Coge su cara entre las manos, se acerca. «Te quiero.»

Se había vuelto inmune a esas palabras. «Yo no.»

Su expresión se contrae de furia y la empuja.

Se adentra más en la casa. Ella intenta alcanzar el teléfono.

016.

Un tono.

No da tiempo.

Otro tono.

La figura se cierne sobre ella.

« ¿Diga?»

Segundo premio

LOS EXPLOSIVOS TAMBIÉN TIENEN SUEÑOS. Eduardo Ara, IES Ramón y Cajal (Huesca)

El asesino me está colocando en este momento delante de un colegio. Sinceramente, ignoro cuales son sus razones. Se me hace extraña la idea de que alguien pueda tener algo en contra de un grupo de niños. Quizás le estén pagando, puede que detrás haya razones políticas o es posible que simplemente esté loco. A mí me da igual, solo sé que no tengo nada en contra de esos niños, y que desde luego no quiero estallar. Sé que debería querer. Fuí creado para esto, para estallar delante de alguien, para sacrificar mi vida por alguien que tiene miedo de usar la suya para acabar con la de otros. Pero yo no quiero hacer esto. Me gustaría haber sido un avión, para ver mil y un lugares. O una chaqueta, para vivir una vida simple junto a un dueño que me tratara bien. Lo último que quería era ser un explosivo. Y es que hasta los explosivos tenemos sueños, sueños que se ven truncados por algún asesino que se cree con derecho de acabar con nosotros y con nuestros sueños como medio para destruir otras vidas. Supongo que eso es lo que va a pasar ahora… No. No quiero explotar. No voy a hacerlo. De algún modo, y con mucha fuerza de voluntad, lo consigo. El asesino está extrañado, no sabe por qué no estallo. Tras un rato, acaba siendo detenido, por intento de homicidio, supongo, Me da igual, solo sé que he vencido.

Tercer premio

EL PALACIO DE LA MEMORIA. Gabriel Isla Sáez de Vicuña, Escuela de Arte.

Zaragoza, fin del verano, 1973.

Existen palacios de cristal, piedra, mármol o hielo, pero los que son en su plenitud muy diferentes son los de la memoria. Ideados por los antiguos pensadores como una técnica de infinita memorización, un lugar en la mente donde guardar imágenes asociadas a una información que no se quiere olvidar.

Tras una vida que algunos considerarían maldita, Alicia y David construyeron a través de esta técnica un lugar en el que poder encontrarse en vida o muerte. Una enfermedad se llevó a Alicia a sus veintidós años. David en su locura, acabó de construir y decorar durante años el Palacio de la Memoria que ambos habían ideado juntos, y partió en busca de Alicia.

Ahora, un hombre joven, tocado ya de algunas canas y con esa sonrisa triste que siempre persigue a los malditos, acompaña a una mujer que por primera vez cree haber encontrado la verdadera felicidad, pero no sin un ápice de tristeza y melancolía.

Ambos caminan cogidos por las calles de una Zaragoza, que consumida por su propio ego dejó de existir hace mucho tiempo. Van camino del Ebro, con la promesa en la mente, del Palacio de la Memoria. Sus pasos empiezan a desvanecerse en la niebla que a menudo visita la ciudad.

-David, ¿nunca me olvidarás verdad? – dijo la mujer con una mirada seria que se clavó en los ojos de su acompañante.

-Créeme, nunca Alicia, nunca.

Un beso de amor y amistad abre las puertas y ambos quedan perdidos por última vez en El Palacio de la Memoria, mientras sus recuerdos e historia se deshacen lentamente, como el papel de un viejo libro, en la sombra y el olvido que solo persigue a los malditos.