lo que no pasó pero pasabaLo enterraron y el Lotus fue apisonado en la planta de reciclaje. Murió y se desconchó una lágrima de barniz seco de su mesilla de noche. Fue a ver a su nieta Lucía al espectáculo de baile y resultó conocer a la mujer que se sentaba a su lado, aunque no supo de qué. Asistió a la boda de su hijo mayor y pisó un caracol. Se quedó viudo y el periódico publicó que era el final del sistema tal como se conocía. Se mudaron a la casa del pueblo y la joven Mariela se hizo un esguince. Tuvieron a Mariela y a Elisa le salió la primera cana. Tuvieron a Luisito y se le paró el Lotus. Se casó con Elisa por lo civil y el primo Antonio  llegó cuatro minutos tarde porque había ido a comprar gomina. Conoció a Elisa en la notaría y se escuchó la explosión de una rueda de camión en la calle. Se graduó y un botón de su americana acabó dentro de una botella de cava. Realizó su último trabajo como acomodador antes de empezar los estudios y la boca de un niño lo bombardeó con un grano de maíz que no había llegado a convertirse en palomita. Falleció el abuelo Claudio y construyeron el espantapájaros para las plantas del balcón. Nacieron los trillizos y se le rompió la mina del lapicero. Hizo la primera comunión y mamá se tomó una aspirina. Comenzó el colegio de mayores y el abuelo Claudio le dio su Lotus. Dijo su primera palabra y Chico ladró a una jovencita de corta falda. El universo pensó que la vida sería diminuta a la vez que infinita, que quedaría fuera del tiempo aunque de tiempo se compusiera… y nació.

Alberto Monreal (20 años)

Segundo premio de la categoría de 15-20 años de la IV edicion del concurso de microrrelatos “En pocas palabras”