amanecer de la tierra“En la oscuridad de la noche, todo era distinto. La Luna le acompañaba siempre, unida a él por las constelaciones.

Pero, ¿quién era él?

Él no era nadie, solo la Luna conocía su paradero. Alguna vez fue alguien, pero no le gustaba atraer miradas.

Prefería surcar el cielo incendiándolo de azul, congelar olas altas como castillos, fundirse en la naturaleza como un simple animal, a responder a sus orígenes.

Ahora bien, la pregunta correcta sería, ¿qué era él?

Él era un astro. No, era mucho más que un astro. Era un hijo del Sol. Ardens Ignis, primogénito y heredero de la Luna y el Sol.”

No comenzaré con “todo empezó cuando”, pues todo terminó con la partida de Ardens. Cada día un eclipse, cada noche sin Luna.

“Algún día tenían que encontrarse. Lo extraño es que fue de noche. Aquel desértico paisaje parecía ideal para resolver disputas familiares. La arena empezaba a calentarse conforme transcurría la discusión. Pero no era un ardor ardiente, sino paternal.

Cuando al amanecer el Sol volvió al cielo, la vida volvió a la Tierra. Todo florecía de nuevo tras siglos de desconocimiento, y Ardens renacía en forma de humano para perdurar y guardar desde el principio la Tierra.”

Miguel Oliveras (13 años)

Segundo premio de la categoría de 12-14 años de la IV edición del concurso de microrrelatos “En pocas palabras”