Y el ganador del concurso de microrrelatos “En pocas palabras” es…

24 Oct

Pedro David Bardají con su relato “Betty”

Después de una tarde literaria en la que el grupo de 15 finalistas del concurso disfrutó de un taller de escritura impartido por el escritor David Lozano, llegó el tan ansiado momento de desvelar quién había obtenido el primer premio. El jurado de esta edición estaba compuesto por:

Rosa Tabernero, profesora universitaria y directora del máster propio de la Universidad de Zaragoza “Lectura, libros y lectores infantiles y juveniles”

Carmen Solans, profesora del I.E.S. Sierra de Guara, encargada de la biblioteca y blog literario del centro.

Cristina Hombrados, librera de la librería oscense “Masdelibros” y especialista en literatura juvenil.

Abigail Alins, bibliotecaria de las Bibliotecas Municipales de Huesca, especialista en literatura infantil y juvenil y coordinadora del proyecto Bibliojoven.

Hubo consenso tanto en la valoración de los relatos, en los que se destacó la variedad de temáticas (desde temas fantásticos a románticos o incluso sobre enfermedades de actualidad) y estilos de escritura, como en la elección final del ganador. A continuación podéis ponerle cara y leer su relato.

ganador concurso

El ganador: Pedro David Bardají

  Betty

Betty Sullivan era una de esas mujeres de sonrisa perpetua, cigarrillo apático y tartas caseras. Esposa y envidiada (ambas a tiempo completo), Betty derivaba de la mezcla proporcional entre los cuatro evangelios, un florero y Doris Day. Por eso no era de extrañar que las chismosas de la Liga de Amas de Casa Altruistas la hubieran elegido presidenta de su comité; el único pasatiempo que se concedía en su rutina de días fotocopiados. A pesar de ello, Betty no podía dejar de sentirse orgullosa con su monótona vida perfecta. De veras, no podía. Y es que a los siete años, pillada in fraganti durante una sesión de tocamientos poco correctos, Betty había recibido dos obsequios inesperados: un bofetón de su madre que la hizo volar y la anulación de la parte de su cerebro que controlaba las ambiciones, cortesía del reborde contra el que aterrizó.
Sin embargo, Betty siempre lo consideró una bendición: los hombres la querían como esposa y sus madres, como nuera. Así que el día que Harry Sullivan entró en la cocina y, sin mirarla a los ojos, le comunicó sus intenciones de abandonarla por una corista pelirroja con el doble de piernas y la mitad de falda, Betty se permitió una ligera mueca de asombro. Bajó al sótano, cogió una maza y le reventó la cara a martillazos. Tras dejar a su marido de velatorio con ataúd cerrado, suspiró aliviada. Se limpió en el delantal los restos de Harry, ahuecó un poco su cardado y se sentó, pitillo en mano, a esperar a las chicas de la L.A.C.A. para su reunión semanal. Había recuperado la sonrisa porque, como todo el mundo sabe, una viuda siempre está mejor vista que una divorciada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: